viernes, 11 de marzo de 2011

Mañanas musicales


Empezar el día con la canción, esa que te llena de ritmo hasta la última terminación nerviosa de tu piel, mientras te haces el primer café de la mañana.
Buena dosis de cafeína y buenrollismo para empezar el día.
Sonrisa cafeinada y ligeros movimientos de cadera para despejarse.
Pequeños pasos de baile mientras repasas la lista de cosas para hacer.
Encuentro sonrisa y besito en el pasillo, mientras la cabeza se ha unido al ritmo de la cadera.
Manos arriba, hay que vestirse y hace frío pero la música no parará.
Y es que hoy es un buen día, porque es un día nuevo.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Respuesta a las malas prácticas

A veces tengo la sensación de que a esta pausa solo le quedan minutos para estar fuera de tiempo. Pero es solo eso, una sensación, porque la verdad es que aún le quedan muchas horas.
Muchas horas en las que mente no deja descansar, donde la adrenalina se dispara y me lleva a buscar ocupaciones para no pensar continuamente que pierdo horas de pausa.
Pero hay hechos que te hacen levantar la voz para decirte que aunque estuvieras fuera de tiempo no pasa nada, que tienes apoyos, que no todo vale y que no dejarás que así sea.

¿Y esto a qué viene?
Hoy he recibido una llamada de una “supuesta” oferta laboral. Como es costumbre, me intento informar sobre la empresa, y mi sorpresa ha sido que ésta en particular cambia muy a menudo de razón social y  que sus prácticas no son muy “éticas” hacia sus “empleados” y sus “clientes”.
Empresas que hacen de la adversidad, de la buena voluntad y del desconocimiento un negocio.
Y sí, me sorprendo de que haya “mentes privilegiadas” que vean la oportunidad de mercado sobre unas bases tan poco morales. Y espero seguir sorprendiéndome, porque significará que es una excepción y no una norma generalizada.

En momentos como estos es indispensable mantenernos firmes en nuestros principios, no dejemos que la frustración nos lleve por los caminos escarpados de la desesperación, compartamos información, apoyémonos los unos a los otros…


martes, 8 de marzo de 2011

Crecer en los 80.

Los que crecimos en los 80 tenemos en general, un concepto del mundo fantástico y onírico muy común.
Somos una generación que ha crecido con un lenguaje visual y musical rico en este campo, con grandes matices de romanticismo que quizá, generaciones posteriores han perdido.

Historias llenas de seres fantásticos, con héroes sucios y graciosos, princesas  vestidas con vaporosos vestidos, peinados llenos de colores y trenzas. Ojos perfilados con sombras multicolores imposibles que enmarcaban una magia, unos poderes completamente maravillosos.
Historias de amor, amor entre individuos, a la tierra, a la supervivencia de todo aquello que nos hace humanos.

Los que crecimos en los 80 soñábamos con ser protagonistas de aventuras en las que encontrábamos tesoros escondidos. Descubríamos que en nuestra realidad diaria, debajo de nuestra cama, tras la puerta del armario, en ese gran libro que no podíamos alcanzar en lo alto de la estantería se escondía un mundo fantástico. Un mundo lleno de hadas, seres diminutos y traviesos, enanos malhumorados, unicornios y perros voladores.
No faltaban nunca los villanos que siempre querían corromper nuestra infancia. Se escondían en maravillosas vestimentas, eran altos, guapos y había algo que nos atraía a ellos irremediablemente. Pero siempre conseguíamos librarnos de sus malas artes gracias a esos pequeños seres que nos acompañaban, que nos mostraban su opresión y el engaño al que estábamos siendo sometidos.
En nuestros sueños encontrábamos el romance, la amistad y la hermandad entre distintos pueblos.

Los que crecimos en los 80 nunca hemos dejado de soñar que un día, al abrir un libro, por arte de magia aparecemos en ese mundo que tanto anhelábamos. Y podremos cumplir con ese destino del que estábamos seguros no podríamos escapar.



miércoles, 23 de febrero de 2011

Amistad.

Es una puerta, sin pomo ni cerradura, grande o pequeña, pero de maderas nobles.
La dejaré entreabierta, para que entres y salgas cuando gustes, para que asomes la cabeza juguetona y para oírte cuando me necesites.
Está a mi cuidado, y tendré cautela de que una ráfaga de aire no la cierre, porque recuerda que no tiene pomo.
Tendríamos que construir una nueva, buscar nuevos maderos, y dedicarle tiempo y mimo. Tú y yo, porque solo es tuya y mía.

domingo, 20 de febrero de 2011

Domingos soleados.

No sé que tienen los domingos soleados que tanto me gusta.

Puede ser el ambiente de tranquilidad que se respira al pasear por la mañana, cuando uniformados de domingo, nos vamos a por el periódico.
Hay un aire diferente, casi mágico, cuando te relajas tomando un aperitivo en una terracita al solecito. Momento en el que hablas de las penas del mundo, nuestras penas, mientras hojeas la prensa que acabas de comprar.
Y te vas a casa relajado, con la tripa satisfecha, pensando en la comida que vas a preparar, para después ver una película o acurrucarte en el sofá para dormir un ratito.

No sé que tienen los domingos soleados que siempre me han gustado tanto.


©Teresa Barrantes

viernes, 18 de febrero de 2011

Nada malo que temer.


Serpientes de agua. Gustav Klimt (detalle)




Y es que suelo perderme continuamente en tus adentros.
Y mientras sea así, no hay nada malo que temer, no hay nada tan atroz que me contenga.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Experiencia estética.

Algunos amigos me dicen que les gustaría ir conmigo a ciertas exposiciones o museos, debido, supongo, a mi formación artística.
Cada vez que me lo dicen no puedo evitar sorprenderme y reconocer abiertamente mi falta de conocimientos específicos sobre tal o cual obra.
Y es que sí algo aprendí, gracias a muy pocos profesores por desgracia, es que al asistir a un exposición o colección permanente, no hay que abordar la visita con una mirada enciclopédica. Si se tiene, ¡perfecto! pero si no es así, no sirve de nada la angustia y la sensación de “algo me estoy perdiendo”… Y me explico:

Hace unas semanas tuve una de las mejores experiencias museísticas de mi vida. Me encontraba en Madrid, y muchas horas de soledad al día. Por supuesto, no estaba dispuesta a desperdiciarlas y decidí entre muchas otras cosas ir a ver el Museo Reina Sofía.

©Teresa Barrantes

Reconozco (y aquí me vuelvo al tema principal, no sufran) que mis conocimientos de las artes contemporáneas son escasas y no preparé la visita, de forma que no sabía muy bien hasta qué punto sería provechosa.
Pues creerme que fue de las más enriquecedoras que he tenido hasta el momento.
La primera alegría fue descubrir, que sí, soy universitaria de nuevo, y sí, la entrada era gratis para mi, yuhuuuuu!!!!!!
Me bebí las exposiciones temporales (señores, una maravilla de las que hablaré más tarde o más temprano). Pasee con ojos boquiabiertos, en ocasiones con el corazón encogido, volví a encontrar a ciertos autores ya olvidados en mi mente y me hice amiga de otros tantos.
Pero lo mejor de todo ha venido después. Tengo la libreta llena de autores de los que no sé nada y de los que quiero saber mucho, me he traído a casa horas y horas de búsquedas, de lecturas. Tengo en la mente mil y una sensaciones de las mil y una obras que pude ver.
Espero tener tiempo, porque ganas muchísimas, de compartirlas con vosotros… si queréis claro.

©Teresa Barrantes

Os aseguro que a partir de la fecha no prepararé ninguna visita. A partir de esta experiencia iré desnuda de conocimientos previos, y dejaré sorprenderme, llenarme la libreta de nombres, y traerme a casa muchos deberes.
Y bueno, no me avergüenzo en reconocer que es aquello que tanto estudié pero que hasta ahora no experimenté en su plenitud: la experiencia estética.