domingo, 20 de febrero de 2011

Domingos soleados.

No sé que tienen los domingos soleados que tanto me gusta.

Puede ser el ambiente de tranquilidad que se respira al pasear por la mañana, cuando uniformados de domingo, nos vamos a por el periódico.
Hay un aire diferente, casi mágico, cuando te relajas tomando un aperitivo en una terracita al solecito. Momento en el que hablas de las penas del mundo, nuestras penas, mientras hojeas la prensa que acabas de comprar.
Y te vas a casa relajado, con la tripa satisfecha, pensando en la comida que vas a preparar, para después ver una película o acurrucarte en el sofá para dormir un ratito.

No sé que tienen los domingos soleados que siempre me han gustado tanto.


©Teresa Barrantes

viernes, 18 de febrero de 2011

Nada malo que temer.


Serpientes de agua. Gustav Klimt (detalle)




Y es que suelo perderme continuamente en tus adentros.
Y mientras sea así, no hay nada malo que temer, no hay nada tan atroz que me contenga.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Experiencia estética.

Algunos amigos me dicen que les gustaría ir conmigo a ciertas exposiciones o museos, debido, supongo, a mi formación artística.
Cada vez que me lo dicen no puedo evitar sorprenderme y reconocer abiertamente mi falta de conocimientos específicos sobre tal o cual obra.
Y es que sí algo aprendí, gracias a muy pocos profesores por desgracia, es que al asistir a un exposición o colección permanente, no hay que abordar la visita con una mirada enciclopédica. Si se tiene, ¡perfecto! pero si no es así, no sirve de nada la angustia y la sensación de “algo me estoy perdiendo”… Y me explico:

Hace unas semanas tuve una de las mejores experiencias museísticas de mi vida. Me encontraba en Madrid, y muchas horas de soledad al día. Por supuesto, no estaba dispuesta a desperdiciarlas y decidí entre muchas otras cosas ir a ver el Museo Reina Sofía.

©Teresa Barrantes

Reconozco (y aquí me vuelvo al tema principal, no sufran) que mis conocimientos de las artes contemporáneas son escasas y no preparé la visita, de forma que no sabía muy bien hasta qué punto sería provechosa.
Pues creerme que fue de las más enriquecedoras que he tenido hasta el momento.
La primera alegría fue descubrir, que sí, soy universitaria de nuevo, y sí, la entrada era gratis para mi, yuhuuuuu!!!!!!
Me bebí las exposiciones temporales (señores, una maravilla de las que hablaré más tarde o más temprano). Pasee con ojos boquiabiertos, en ocasiones con el corazón encogido, volví a encontrar a ciertos autores ya olvidados en mi mente y me hice amiga de otros tantos.
Pero lo mejor de todo ha venido después. Tengo la libreta llena de autores de los que no sé nada y de los que quiero saber mucho, me he traído a casa horas y horas de búsquedas, de lecturas. Tengo en la mente mil y una sensaciones de las mil y una obras que pude ver.
Espero tener tiempo, porque ganas muchísimas, de compartirlas con vosotros… si queréis claro.

©Teresa Barrantes

Os aseguro que a partir de la fecha no prepararé ninguna visita. A partir de esta experiencia iré desnuda de conocimientos previos, y dejaré sorprenderme, llenarme la libreta de nombres, y traerme a casa muchos deberes.
Y bueno, no me avergüenzo en reconocer que es aquello que tanto estudié pero que hasta ahora no experimenté en su plenitud: la experiencia estética.

jueves, 20 de enero de 2011

Yo no quería hablar, pero los fumadores...

Me había propuesto no hablar en reuniones, y mucho menos escribir aquí nada al respecto de la nueva Ley 42/2010, de 30 de diciembre, también conocida como “ley antitabaco”.
¿El por qué?

  1. Soy fumadora, drogadicta o yonki, elijan a su propio gusto (pero soy las tres)
  2. También soy persona atenta a las normas, y donde no se puede fumar no fumo.
  3. Odio el olor a tabaco y no aguanto el humo, los ambientes cargados y el olor de los ceniceros. Por lo tanto creo que soy empática hacia los no fumadores.
  4. No aguanto no poder aguantar cierto tiempo sin poder fumar. Odio mi adicción.

Vistos estos precedentes, no voy a quejarme porque me prohíban fumar en espacios públicos o sociales, es más, creo que algo bastante lógico, ya que el tabaco enferma a sus consumidores y tiene efectos negativos en el organismo de las personas.

Lo que no soporto, es que seamos tan tonticos (y yo la primera) de creer que esta ley es un beneficio a los ciudadanos.
 Por un lado, es una ley polémica, que nos da para habla, escribir y discutir durante meses, así no hablamos, no escribimos y no discutimos de temas que tienen más relevancia… Como decía Ernesto, una cortina de humo pero sin humo, por supuesto.
Por otro lado, soy adicta y ¿de verdad creen que me gusta hacerme daño? ¿De verdad piensan que me siento cómoda dañando a los que me rodean?
¿Qué pesa más, las cuestiones económicas o la salud pública a la hora de prohibir el tabaco??

Soy fumadora y quiero que prohíban la venta y distribución de esa droga. Eso sería pensar en la salud pública.

Bueno, espero ser algo más comprometida conmigo misma la próxima vez.

martes, 18 de enero de 2011

Son aquellas pequeñas cosas...

Hay momentos que con causa justificada o sin ella, cae nuestro estado de ánimo. Tristeza, melancolía, rabia, frustración entre otros sentimientos nos hacen olvidar las pequeñas cosas que día a día nos genera una sonrisa.

Llevo muchos días sin escribir y no porque no hayan cosas que me parecen tremendamente interesantes para compartir, pero quizá no era el momento (para mí).

He estado haciendo un pequeño ejercicio mental para subir el ánimo, porque si algo he aprendido, es que eres tú el que te tienes que animar, si no hay voluntad no hay nada que hacer.

El ejercicio en cuestión es hacer una pequeña lista de aquellas pequeñas cosas, que a diferencia de Serrat, no te hacen llorar, si no sonreír cuando nadie te ve.

Mi pequeña lista es:
-         El olor a colonia infantil.
-         Una taza caliente entre las manos (de café con canela, leche con cacao o infusión)
-         El olor de mi pelo al secarlo con el secador.
-         Mirar todas las mañanas una máscara veneciana que me regalaron.
-         Ponerme todas las mañanas mi anillo de casada.
-         Acurrucarme en el sofá mientras me tapo con una mantita.
-         Hacer girar mi globo terráqueo con los dedos, como si me diera un pequeño paseo por los países que deseo visitar…

©Teresa Barrantes


¿Cuál es la tuya?

Caracol, col, col...

A veces creo que soy un caracol, sólo salgo con el sol… después de la lluvia.